
Cierren los ojos por un momento y regresen a 1981. En esa época, mientras muchos de ustedes escuchaban sus discos favoritos en un Walkman o sintonizaban las emisoras latinas en California o Texas, una canción comenzó a sonar en cada rincón, convirtiéndose en un himno eterno de la música en español. Hablamos de ¿Y cómo es él?, esa pieza desgarradora que todos hemos cantado alguna vez, pero cuya historia real es mucho más sorprendente de lo que imaginan. Lo que pocos saben es que esta composición no nació con la intención de que José Luis Perales la interpretara él mismo, sino que fue concebida como un regalo para otra leyenda de la música.
José Luis Perales, un genio humilde de la composición, nunca planeó ser el rostro detrás de sus propios versos. Durante años, él escribió canciones para artistas de renombre, moviéndose entre los estudios de grabación como un artesano invisible. Cuando escribió este tema, su intención original era ofrecérselo a Julio Iglesias. Sin embargo, su círculo cercano y su discográfica tuvieron una corazonada distinta: sintieron que la honestidad y el dolor contenido en la voz de Perales le daban a la canción una profundidad que nadie más podría replicar. Fue un momento de cambio total en su carrera, el instante en que el compositor dejó de ser un secreto para convertirse en un ídolo de masas.
La canción narra una despedida necesaria, un conflicto interno cargado de madurez y sacrificio. A diferencia de las letras cargadas de despecho que dominaban las listas de éxitos en Estados Unidos durante los años 80, José Luis Perales ofreció una mirada mucho más humana y vulnerable. En esa década, donde el sonido empezaba a volverse sintético y las modas cambiaban a la velocidad de un programa de MTV, su música permaneció como un ancla emocional. Para muchos inmigrantes que llegaban a ciudades como Miami o Nueva York buscando un mejor futuro, las letras de Perales se convirtieron en un puente directo con la tierra que habían dejado atrás.
¿Por qué sigue resonando esta canción décadas después? La respuesta es simple: la autenticidad nunca pasa de moda. Mientras el mundo se volcaba hacia el disco o el incipiente sonido del synth-pop, José Luis Perales seguía apostando por la honestidad lírica. Ese giro del destino, donde el creador terminó adueñándose de su propia criatura, nos demuestra que a veces, las mejores cosas de la vida ocurren cuando dejamos de planear y simplemente escuchamos lo que el corazón nos dicta. Es fascinante cómo una decisión de estudio puede cambiar el destino de un artista para siempre.
Hoy, cada vez que escuchamos esos acordes, recordamos a ese joven compositor que, sin quererlo, terminó poniendo voz a los sentimientos de millones. Ustedes han hecho de este tema una parte de su propia banda sonora personal, esa que suena en las reuniones familiares o cuando la nostalgia nos atrapa al final del día. José Luis Perales no solo escribió una canción; él escribió un diario compartido por todos nosotros. Y a ustedes, ¿qué recuerdos les trae esta melodía inolvidable?